Que más podemos decir de este destacado fotógrafo que en la época donde las cámaras digitales no estaban ni siquiera en gestación, puedo destacar la exquisita composición de sus imágenes cargadas de realidad, pura, sin adorno, sin colgajos ni colores que pudieran hacer feliz al espectador a sus ojos. Todo lo contrario.
La sencillez de sus imágenes son las que golpean, en una época donde todo era más difícil, todo. Y todo por puro gusto, nada más que por gusto, y es verdad, las mejores cosas se gestan desde lo más profundo del gusto del talentoso, puro gusto.
Gusto que se vuelve entumecedor, al pensar en el tiempo que ha pasado, y que las cosas, aunque adelantados hasta la altura de la inteligencia heredada de otros planetas, esos rincones siguen igual, ahí, exactamente igual.
Es notable encontrar talento en un tiempo como aquel acá en Valparaíso.






